Cuando los turistas llegan a San Andrés, ven el mar turquesa, las palmeras y la arquitectura colorida. Lo que rara vez aparece en las fotos son los perros en situación de calle: animales que circulan por los bordes de las carreteras, cerca de los mercados, en los barrios residenciales. Su presencia es parte del paisaje cotidiano de la isla, pero rara vez recibe la atención que merece.
Una crisis silenciosa con causas concretas
El abandono animal en San Andrés no es un fenómeno casual ni reciente. Tiene causas estructurales que se acumulan con el tiempo:
- Turismo y temporadas: Algunas personas adoptan o compran animales sin considerar el largo plazo. Cuando cambian sus circunstancias —se van de la isla, cambian de casa, tienen dificultades económicas— el animal queda detrás.
- Falta de esterilización masiva: Sin programas sistemáticos de control de población animal, las camadas se multiplican y el número de animales sin hogar crece de forma constante. En una isla con recursos limitados, esto se convierte rápidamente en un problema de escala.
- Ausencia de respuesta institucional sostenida: Durante años, la atención del Estado al problema de los animales callejeros en San Andrés fue fragmentaria y discontinua. Los refugios privados como Kellan han operado como la única respuesta organizada disponible en muchas situaciones.
- Condiciones insulares: El costo de insumos veterinarios es más alto por la logística de importación. Eso hace que la tenencia responsable de animales sea más costosa, y que algunos propietarios abandonen a sus mascotas cuando enfrentan dificultades económicas.
Lo que Kellan encuentra en el terreno
El equipo de Kellan ha rescatado animales de situaciones extremas durante más de 15 años: perros amarrados con alambre eléctrico, con sarna severa, con infecciones crónicas, desnutridos, aterrados. No son casos excepcionales. Son el resultado acumulado de años de abandono y falta de atención veterinaria.
Cada animal que entra al refugio necesita primero atención médica: desparasitación, tratamiento de enfermedades, recuperación física. Luego viene el proceso más largo: la recuperación emocional. Un perro que ha vivido en la calle o que ha sufrido maltrato no confía fácilmente en los humanos. Reconstruir esa confianza requiere tiempo, paciencia y consistencia.
El impacto de los huracanes sobre los animales
San Andrés está en una zona de tránsito de huracanes del Caribe. Cuando llega una tormenta fuerte, los animales callejeros son los más vulnerables: no tienen refugio seguro, y en el caos del evento nadie los prioriza. En noviembre de 2020, el huracán Iota —categoría 4— golpeó la isla con una fuerza devastadora. Para los perros en situación de calle, ese tipo de evento puede ser fatal.
Kellan respondió con una campaña en redes sociales que logró que la Armada Nacional ofreciera albergue para los animales del refugio. Pero los que vivían en la calle sin ningún vínculo con personas o instituciones quedaron expuestos. Los huracanes hacen visible con brutalidad lo que ya existe en condiciones normales: la vulnerabilidad extrema de los animales sin hogar.
La pandemia y el aumento del abandono
Durante la pandemia de 2020, muchas personas adoptaron mascotas por compañía durante el confinamiento. Cuando las restricciones se levantaron y la vida regresó a cierta normalidad, una parte de esos animales fue abandonada. Kellan vivió ese fenómeno de cerca: el flujo de perros que llegaban al refugio aumentó en ese período, y la fundación se consolidó como el principal refugio para caninos sin atención institucional en la isla.
Lo que se puede hacer desde cualquier lugar
El problema de los perros callejeros en San Andrés no se resuelve solo con rescate reactivo. Requiere esterilización preventiva, educación sobre tenencia responsable y apoyo económico continuo para los refugios que sostienen el trabajo en el terreno.
Kellan trabaja con todos esos frentes de manera simultánea, dentro de sus posibilidades. Y sus posibilidades dependen directamente de las personas que deciden apoyar el refugio: con donaciones que financian alimento, medicina y esterilizaciones; con adopciones que liberan espacio para nuevos rescates; con la difusión que acerca a más personas a la realidad de lo que pasa en la isla.
No hace falta estar en San Andrés para marcar una diferencia. Hace falta entender que el problema existe y decidir que merece una respuesta.
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