Historia de emergencia

Huracán Iota y Kellan: cómo el refugio movilizó a la Armada Nacional para salvar a sus perros

Noviembre de 2020. San Andrés bajo el impacto de un huracán categoría 4. Y un refugio canino que tuvo que improvisar una respuesta de emergencia en tiempo real.

El 16 de noviembre de 2020, el huracán Iota llegó a las islas del Caribe colombiano con vientos sostenidos de categoría 4. Fue uno de los eventos climáticos más destructivos que ha vivido la región en décadas. San Andrés, Providencia y Santa Catalina quedaron golpeadas por vientos, lluvias y marejadas que destruyeron infraestructura y dejaron miles de personas en situación crítica.

Para el refugio Kellan, con más de 70 perros bajo su cuidado en ese momento, la llegada de Iota no era solo una noticia del boletín meteorológico. Era una amenaza existencial que requería una respuesta inmediata.

La situación antes del huracán

Los refugios de animales tienen una vulnerabilidad específica frente a los desastres naturales: los animales no pueden evacuarse solos ni tomar decisiones. Dependen completamente de las personas que los cuidan y de la infraestructura que los alberga. Cuando esa infraestructura está amenazada, todo el refugio lo está.

Las casitas de madera coloridas donde viven los perros de Kellan —diseñadas con arquitectura típica isleña— no estaban construidas para resistir vientos de huracán categoría 4. Con el aviso de la tormenta aproximándose, Kella y Andrea enfrentaron una pregunta sin respuesta fácil: ¿dónde ponen a más de 70 perros si las instalaciones del refugio no aguantan?

La campaña en redes: 72 horas para una solución

La respuesta fue hacer visible la urgencia. Kella lanzó un llamado en redes sociales describiendo la situación del refugio y pidiendo apoyo, espacio o cualquier forma de ayuda para proteger a los animales durante el paso de la tormenta.

La respuesta superó lo esperado. Al tercer día del huracán, la Armada Nacional de Colombia ofreció espacios de albergue para los animales del refugio. Una institución del Estado, movilizada por la presión y visibilidad de una campaña en redes sociales iniciada por un refugio privado que opera sin financiación pública.

Ese resultado fue posible por dos razones simultáneas: la comunidad digital que Kellan había construido durante años de trabajo transparente y consistente, y la urgencia real e innegable de la situación.

Lo que Iota dejó visible

El huracán Iota expuso algo que ya existía pero que era fácil de ignorar en tiempos normales: la ausencia de protocolos formales para la protección de animales en situaciones de emergencia en San Andrés. No había un plan institucional activado. No había infraestructura reservada. El refugio tuvo que resolver la situación de emergencia prácticamente por cuenta propia, con el apoyo de su red de seguidores.

Eso no significa que el resultado fuera malo. La Armada respondió. Los animales tuvieron albergue. Pero la historia deja claro que la respuesta dependió de la iniciativa individual del refugio y de la presión de una comunidad movilizada, no de un sistema de protección preexistente.

Aprender para el siguiente huracán

La experiencia de Iota no fue en vano. Cuando en octubre de 2022 llegó el huracán Julia —categoría 1, con menor intensidad que Iota— el refugio Kellan ya tenía un plan de acción y una red de aliados establecida. La primera emergencia les había enseñado qué necesitaban preparar, con quién podían contar y qué tipo de comunicación funcionaba para movilizar apoyo rápido.

Esa capacidad de aprender y adaptarse es parte de lo que hace a Kellan una operación sostenible a largo plazo a pesar de sus recursos limitados. No es que todo funcione perfectamente; es que el equipo aprende de cada crisis y construye a partir de ella.

El vínculo entre donaciones y preparación para emergencias

Una parte de lo que hace posible que Kellan responda a emergencias como Iota es haber construido previamente una comunidad de personas que conocen y apoyan el refugio. Esa comunidad no se construye de la noche a la mañana: es el resultado de años de trabajo visible, de historias compartidas con honestidad y de una presencia consistente en redes.

Cuando apoyas a Kellan hoy, no solo estás financiando la alimentación de mañana. Estás siendo parte de la red que, cuando llegue la siguiente tormenta, va a responder en tiempo real. Esa red es lo que salvó a los perros de Kellan en noviembre de 2020.

Ser parte de la red de apoyo de Kellan