Hay una pregunta que mucha gente se hace cuando conoce la historia de Kellan: ¿cómo es posible que un refugio con más de 150 animales funcione durante 15 años sin apoyo estatal ni grandes patrocinadores? La respuesta es incómoda pero honesta: con mucho esfuerzo, con poco dinero y con una comunidad de personas que decide no dejar que esto se caiga.
La venta de cocos como financiación
Kella, el fundador de Kellan, ha recurrido a lo que tiene a su alcance para financiar el cuidado de los animales. Una de esas fuentes es la venta de cocos: trabajo físico cotidiano que genera ingresos directos para cubrir parte del costo de alimentación del refugio.
Esto no es anecdótico. Es una señal de lo que significa sostener una operación de este tamaño sin una estructura de financiación formal. Cada recurso disponible —el tiempo, el trabajo manual, las redes sociales, las conexiones personales— se convierte en una herramienta para mantener vivo el refugio.
En abril de 2026, ese mismo trabajo fue el centro de una confrontación que derivó en amenazas graves contra Kella: un altercado durante la venta de cocos terminó con seis hombres armados llegando al refugio. Andrea Portilla, su pareja, lo denunció públicamente a través de las redes del refugio. El episodio expuso la vulnerabilidad de personas que trabajan sin respaldo institucional en contextos de alta presión social.
Las donaciones: el motor real
El grueso de la operación de Kellan se sostiene con donaciones. Personas de Colombia y del exterior que siguen el trabajo del refugio en Instagram, que leen las historias de los animales rescatados, que deciden que ese trabajo merece su apoyo económico.
¿En qué se usan esas donaciones? En cosas concretas y urgentes:
- Alimentación: más de 150 animales comen todos los días. El costo es significativo, especialmente en una isla donde los insumos tienen sobrecosto por logística.
- Atención veterinaria: desparasitaciones, vacunas, tratamientos de enfermedades, cirugías cuando son necesarias. Los animales rescatados llegan frecuentemente con condiciones de salud que requieren intervención inmediata.
- Esterilizaciones: parte fundamental del trabajo preventivo. Esterilizar a los animales del refugio y apoyar esterilizaciones en la comunidad reduce la presión sobre la capacidad del refugio a largo plazo.
- Mantenimiento de instalaciones: las casitas de madera coloridas que albergan a los perros requieren mantenimiento regular, especialmente después de eventos climáticos como huracanes.
El voluntariado como recurso no monetario
Kellan también funciona gracias al trabajo voluntario. Un veterinario voluntario apoya regularmente la atención médica de los animales. Voluntarios locales ayudan con la alimentación y el cuidado diario. Personas que visitan la isla se suman temporalmente a las labores del refugio.
Este tipo de apoyo no tiene precio fijo, pero tiene un valor enorme. Sin voluntarios, la carga sobre Kella y Andrea sería insostenible. Con ellos, el refugio puede operar con un equipo funcional a pesar de los recursos limitados.
Lo que pasa cuando no alcanza
Hay períodos en los que el refugio opera al límite. Cuando las donaciones bajan, cuando los costos suben, cuando llega una emergencia veterinaria inesperada, el margen de operación se vuelve muy estrecho. En esos momentos, Kella y Andrea lanzan llamados de apoyo en redes sociales, y la comunidad de seguidores responde.
Eso es lo que hace visible la naturaleza frágil pero real del modelo: funciona porque hay personas que lo sostienen activamente, no porque tenga una base financiera estable e independiente del apoyo externo.
Cómo puedes contribuir desde donde estás
No necesitas estar en San Andrés para ser parte de lo que hace posible que Kellan funcione. Hay formas directas de contribuir:
- Donación mensual: incluso un monto pequeño, sostenido en el tiempo, tiene un impacto real. Una donación recurrente es más valiosa que una grande y única porque permite planificar.
- Donación puntual: si no puedes comprometerte mensualmente, una contribución esporádica también suma, especialmente en momentos de emergencia.
- Difusión: compartir el trabajo de Kellan amplía la red de personas que conocen el refugio y potencialmente contribuyen. Cada seguidor nuevo es un potencial donante o adoptante.
- Adopción: adoptar un perro no solo ayuda a ese animal: libera un espacio en el refugio para recibir a otro en situación urgente y reduce los costos operativos del refugio.
El refugio Kellan lleva más de 15 años existiendo porque hay personas que decidieron que ese trabajo importa. Tú puedes ser parte de eso.
Donar a Kellan ahora